La Hipertención (1ra. Parte)

La Hipertención

 La hipertención o presión sanguínea alta ocurre cuando las arterias se encuentran contraídas o estrechadas, aumentando así la resistencia al flujo de sangre a través de ellas. Esto hace que el corazón tenga que trabajar más vigorosamente para impulsar la sangre ha iniciar su recorrido a través del cuerpo. Si ésta condición se mantiene durante mucho tiempo, puede resultar en daños al corazón y a las arterias. Se aumenta, además, el riesgo de ataque y fallo cardíaco, apoplejía (derrame cerebral), y daños a los riñones.

Una característica de la hipertención es que por lo general no causa síntomas hasta que se produce un problema serio que, incluso, puede amenazar la vida. Por esta razón a la hipertención se le conoce como un asesino silencioso. Cuando se presentan síntomas estos pueden incluír, sangrado por la nariz, arritmias, dolor de cabeza, visión borrosa, mareos, y tinitus (percibir sonidos anormales en los oídos o la cabeza). Estos síntomas por lo general sólo se presentan en casos severos. En personas diabéticas una presión sanguínea superior a 130/80 se debe considerar un factor de riesgo y se debe considerar su tratamiento médico (especializado).

 La hipertensión afecta a muchos millones de personas. Hasta los 55 años de edad hay más hombres que mujeres que padecen de hipertensión. Sin embargo, de ahí en adelante las mujeres comienzan a padecer más de ésta que los hombres. Las personas de descendencia afronorteamericana padecen más de esta condición que otros grupos étnicos. Para definir y diagnosticar la hipertensión se utilizan dos medidas: La presión sistólica ( presión cuando el corazón se contrae para impulsar la sangre a través de las arterias) y la presión diastólica  (que es la presión cuando el corazón se relaja o descansa momentáneamente cuando la sangre fluye hacia su interior).
 La presión normal en una persona adulta se estima que debe ser inferior a 120/80 mm HG (milímetros de mercurio) en donde la primera cifra (120) representa la presión sistólica, y la segunda cifra (80) la presión diastólica. La hipertención generalmente se diagnostica cuando una persona obtiene resultados de al menos 140/90 en dos visitas sucesivas al médico (tratante). Esto se hace así, ya que depender de una sola lectura de la presión sanguínea puede conducir a error. La presión sanguínea puede variar en una misma persona a causa de varios factores (externos o internos), entre ellos el estrés, si se ha llevado a cabo actividad física intensa recientemente, o incluso, si se ha comido abundantemente.
 La presión sanguínea sistólica entre 120 y 139 se considera prehipertención y las personas que están en esta categoría tienen un riesgo aumentado de padecer posteriormente de hipertensión.
Editor: Arnoldo Humphrey
aahq_Feb. 09’2015
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Acerca de Black and Sane

Blogger Social Comunitario y Guerrillero Comunicacional. Especialista en elaboración y control de proyectos. Méd.Homeópata: Especialista en Homeopatía procesos quirúrgicos pre y postoperatorios.
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