Parte 1 de 4, edición final: Las vitaminas y los antioxidantes, ¿bajo ataque?

El último intento por calumniar las Terapias a base de vitaminas: ¿Se trata de un delito?

En agosto de 1947, dos años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, 24 directivos del cartel químico y farmacéutico I.G. Farben comparecieron ante un tribunal internacional de crímenes de guerra en Núremberg, Alemania, acusados de haber cometido crímenes de lesa humanidad y asesinatos colectivos. El tribunal emitió su veredicto 11 meses después, condenando a trece de los acusados de la I.G. Farben a penas de prisión de entre 18 meses y ocho años.

Directivos del cártel químico y farmacéutico I.G. Farben sentados en el banquillo de acusados del tribunal de crímenes de guerra de Núremberg durante la Segunda Guerra Mundial. Acusados de haber perpetrado masacres o crímenes contra la humanidad, trece de ellos fueron encarcelados durante periodos comprendidos entre los 18 meses y los 8 años.

60 años más tarde, en abril del 2008, observamos que la mayoría de los medios de comunicación del mundo difunden un sinfín de noticias que afirman que tomar un suplemento vitamínico puede causar una muerte prematura. Según un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, en nombre de Cochrane Collaboration, las pruebas en las que se utilizaron betacaroteno, vitamina A y vitamina E mostraron “un aumento significativo de la mortalidad”, mientras que los ensayos con vitamina C “no tuvieron efectos relevantes”.

Lea a continuación para que Ud. Descubra lo que los medios de comunicación del mundo no le han contado sobre el estudio Cochrane, incluido el posible paralelismo histórico con los crímenes cometidos por los directivos del cartel I.G. Farben.

Conclusiones preconcebidas con posibles resultados genocidas

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que atribuye 15.3 millones de muertes a enfermedades cardiovasculares y 6 millones al cáncer cada año, resulta evidente que el potencial genocida de las recomendaciones de los investigadores de Cochrane (si pasasen a ser normativas nacionales de salud según las cuales se restringiera la venta de complementos vitamínicos) podría, finalmente, hacer que aumentara el número total de muertes causadas por los directivos de I.G Farben, anteriormente mencionados, por orden de magnitud.

Lo primero que hay que saber es que el reciente estudio de ‘Cochrane Collaboration’ no es un estudio clínico, sino un meta-análisis. Se trata de una distinción importante, ya que un estudio clínico consiste en unas pruebas científicas para saber cómo afecta un tratamiento a las personas, mientras que un meta-análisis es simplemente una evaluación estadística de los datos obtenidos a partir de varios estudios ya existentes, deliberadamente seleccionados, recopilado y presentado como trabajo independiente.

Este meta-análisis utilizó 67 pruebas aleatorias con suplementos antioxidantes (vitamina A, C, E, betacaroteno y selenio) y llegó a la conclusión de que las vitaminas A y E y el betacaroteno aumentan el riesgo de mortalidad hasta en un 16%. Sin embargo, a pesar de haber contado con una gran cobertura mediática, se prestó muy poca atención al hecho de que este análisis ni tan siquiera era nuevo. De hecho, el mismo tema, los mismos estudios, y los mismos autores de Serbia, Dinamarca e Italia, fueron publicados hace un año en el Journal of the American Medical Association (JAMA). Por lo tanto, como cabía esperar, y como ha sido igualmente el caso con la versión de este año, el meta-análisis de JAMA ha suscitado las críticas de los científicos, nutricionistas y el sector de los complementos alimenticios. Como consecuencia, los autores admitieron más tarde que su boletín contenía errores y posteriormente JAMA publicó las correcciones del mismo.

Sin embargo, acabamos de constatar que se ha “amasado” de nuevo el mismo estudio y se ha publicado como “novedad”. Además, y como demuestra el siguiente artículo, este meta-análisis es simplemente el último de una creciente lista de publicaciones de los mismos autores en contra de los suplementos. En todas estas publicaciones queda claro que las conclusiones a las que habían llegado estaban básicamente preconcebidas incluso antes de escribir ni una sola palabra. Por ello, confiamos en que las pruebas que aquí presentamos demuestren sin ninguna duda que los autores en cuestión están tratando de convencer tanto a los gobiernos como a los centros médicos sobre la necesidad de adoptar medidas políticas urgentes para regular el consumo de vitaminas, clasificándolas como medicamentos peligrosos.

No obstante, según las investigaciones de la Salud Celular, que aconsejan el consumo diario de vitaminas como una medida básica preventiva y terapéutica para evitar las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y otras patologías, y los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que atribuye 15.3 millones de muerte a enfermedades cardiovasculares y 6 millones al cáncer cada año, resulta evidente que el potencial genocida de las recomendaciones de los investigadores de Cochrane (si pasasen a ser normativas nacionales de salud según las cuales restringiera la venta de complementos vitamínicos) podría, finalmente, hacer que aumentara el número total de muertes causadas por los directivos de la I.G. Farben, anteriormente mencionados, por orden de magnitud.

Conclusiones incongruentes con las de los estudios analizados

Las estadísticas demuestran que los consumidores de suplementos vitamínicos tienen más posibilidades de fallecer por una descarga eléctrica o la picadura de una abeja o avispa, que por ingerir comprimidos de vitaminas.

De los 815 estudios sobre vitaminas que se tuvieron en cuenta en total para la evaluación, los autores tan sólo seleccionaron 68 de ellos para su análisis del 2007 publicado en JAMA, y 67 para el estudio Cochrane de este año. Resulta interesante destacar que, si bien estos investigadores estudiaban los efectos de los antioxidantes seleccionados en la mortalidad, no incluyeron estudios en los que ninguna persona falleciera durante el periodo de prueba o seguimiento. Además, los estudios seleccionados diferían en gran medida unos de otros en lo que respecta a un gran número de aspectos importantes con repercusión en los resultados:

* El meta–análisis incluía 20 pruebas a las que fueron sometidos sujetos sanos y 47 estudios en los que se administraron vitaminas a personas que padecían enfermedades como Alzheimer, cardiopatías, degeneración macular, distintos tipos de cáncer y otras patologías. En el análisis no se investigan las características específicas de las causas de la muerte, que no sólo se producía por enfermedades cardiovasculares, cáncer o roturas de cadera, sino también por accidentes de tráfico, suicidios u otras causas. Es probable que las muertes estuvieran provocadas por enfermedades previamente diagnosticadas y no por la ingesta de suplementos antioxidantes. Si se hubiera evidenciado que alguna de las pruebas representaba un riesgo mortal para el paciente, estudio se habría interrumpido. De hecho, esto no ocurrió, y tales conclusiones no fueron ni tan siquiera mencionadas por los autores de estas pruebas.
* En muchos estudios, los participantes no sólo tomaban nutrientes que ya habían sido probados, sino también un gran número de suplementos y fármacos. Resulta evidente que los problemas de salud subyacentes, así como las diversas intervenciones médicas y tratamientos con fármacos y suplementos, podían interferir u ocultar los efectos que los autores atribuyeron a uno o a una combinación de los antioxidantes seleccionados.
* Las dosis de suplementos utilizadas en distintas pruebas para el análisis eran significativamente diferentes. Por ejemplo, la vitamina E se administraba en dosis de 10 IU (CDR de 22 IU) y de 5.000 IU al día. De forma similar, la vitamina A se administraba en cantidades de 1.333 IU al día (la CDR es de 2.333 IU para las mujeres y de 3.000 IU para los hombres) y en dosis de 200.000 IU (muy superiores al límite superior tolerable de 10.000 IU). Se sabe que la mega–dosis de vitamina A, si se toma durante un largo periodo de tiempo, pueden causar efectos secundarios. A este respecto, es todavía peor el hecho de que la duración de la toma de suplementos variaba de forma considerable: en algunas pruebas era de 28 días y, en otras, de 12 años.

Es muy conocido el principio según el cual cuanto más similares son los estudios, mayor validez tiene el meta–análisis. Es casi como decir que uno obtiene resultados más acertados al comparar manzanas con manzanas en vez de manzanas con naranjas, por ejemplo. Sin embargo, en este caso los estudios eran muy divergentes, y las conclusiones a las que llegaron los autores no son coherentes con las de los estudios reales.

Hay que destacar en particular el hecho de que los autores observaran un efecto en la mortalidad estadísticamente significativo únicamente después de estos 67 estudios en grupos de “alto riesgo” y “bajo riesgo” empleando sus propios criterios. Si no se procedía de esta manera no se obtenía ningún efecto. Incluso llegaron a reconocer que sus resultados contradecían estudios de observación, que demuestran los beneficios de los suplementos antioxidantes, y pruebas secundarias de prevención, como estudios sobre la prevención del cáncer publicados en revistas como Nutrition and Cancer, el Journal of the National Cancer Institute, y Diseases of the Colon & Rectum. Esto es un ejemplo de cómo la conclusión (los suplementos antioxidantes aumentan la mortalidad) estaba preconcebida, y de que los autores sólo llevaron a cabo la búsqueda de un método que apoyara tal conclusión.

Conclusiones incongruentes con pruebas reales

Las estadísticas demuestran que las conclusiones alcanzadas gracias a este meta–análisis no guardan relación alguna con pruebas del mundo real.

Por ejemplo, los datos recogidos en la memoria del 2003 de la Asociación Americana de Centros para el Control de las Intoxicaciones Sistema de Vigilancia de Intoxicaciones (American Association of Poison Control Centres Toxic Exposure Surveillance System), que han sido publicadas en el American Journal of Emergency Medicine de septiembre del 2004, demuestran que en el 2003 hubo un total de tan sólo 4 muertes por ingesta de suplementos vitamínicos en Estados Unidos de Norteamérica.

Un estudio publicado por el American Journal of Clinical Nutrition en el 2005 calculó que aproximadamente el 70% de la población estadounidense tomaba un suplemento alimenticio al menos de vez en cuando, y un 40% de forma regular. Esto permite hacerse una idea de la cifra anteriormente mencionada. Teniendo en cuenta que Estados Unidos de Norteamérica tiene 300 millones de personas en la actualidad (año 2005), esto se traduce en que 210 millones de estadounidenses toman de vez en cuando suplementos alimenticios y 120 millones de forma regular, por lo que los suplementos alimenticios son extremadamente seguros.

Además, dejando a un lado la cuestión sobre si fueron las vitaminas o no las causantes de esas cuatro muertes (en nuestra opinión, en al menos dos de ellas esto es discutible), resulta relevante destacar que ninguna de las muertes se produjo por la ingesta de betacaroteno, vitamina A o de vitamina E, que según el estudio Cochrane, son tres nutrientes que aumentan la mortalidad al ser ingeridos como suplemento alimenticio.

Las estadísticas de Nueva Zelanda y Canadá confirman de nuevo que el riesgo de muerte por suplementos en relación con otros factores es sorprendentemente bajo. En ambos países, la investigación muestra que los consumidores de suplementos vitamínicos tienen más posibilidades de fallecer por un rayo o la picadura de una abeja o avispa, que por ingerir comprimidos de vitaminas.

Y por ello, en respuesta a la afirmación de que los suplementos vitamínicos antioxidantes aumentan la mortalidad, debemos plantear una pregunta muy sencilla:

¿Dónde están los cuerpos?

Es evidente que los hospitales no están abarrotados de pacientes que sufren o mueren debido a los efectos de las vitaminas y otras terapias naturales. En cambio, se sabe que las reacciones adversas a los medicamentos cuestan al Servicio Nacional de Sanidad del Reino Unido 2.000 millones de libras esterlinas (4.000 millones de dólares americanos / 2.500 millones de euros) al año, y las investigaciones demuestran que dichas reacciones son, en la actualidad, entre la cuarta y sexta causa de muerte más común de los pacientes hospitalizados en Estados Unidos de Norteamérica, y la séptima en Suecia. Por lo tanto, se desprende que las ventas de medicamentos sintéticos tóxicos patentados de la industria farmacéutica mundial son responsables en la actualidad de asesinatos colectivos a una escala casi sin precedentes en la historia de la humanidad.

Sin embargo, si los investigadores responsables del estudio Cochrane logran su propósito, serán los suplementos vitamínicos investigados científicamente, y no los medicamentos mortales de la industria farmacéutica, los que sean objeto de medidas políticas que aprueben restricciones draconianas que impidan disponer libremente de ellos. Sin ningún género de duda, las muertes que resultaran de dichas restricciones serían un crimen de lesa humanidad de proporciones verdaderamente inimaginables.

Teniendo en cuenta este posible desenlace, y que en el pasado fueron condenados directivos de las principales industrias farmacéuticas y químicas (I.G Farben) por haber cometido asesinatos colectivos, nos preguntamos si los intentos aparentes de los investigadores de Cochrane por ayudar a la multimillonaria industria farmacéutica de hoy en día a prohibir las terapias a base de vitaminas no patentables les conducirá también hasta eso, y si serán condenados por tales asesinatos.

Fuente: Dr. Rath Health Foundation | http://www.dr-rathfoundation.org

Editado por: Arnoldo Humphrey
aahq–Feb. 20’2015

Nota: Traducción no oficial

aahq_Marzo 06’2015 – Publicación

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Acerca de Black and Sane

Blogger Social Comunitario y Guerrillero Comunicacional. Especialista en elaboración y control de proyectos. Méd.Homeópata: Especialista en Homeopatía procesos quirúrgicos pre y postoperatorios.
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